No hay caballo, por bueno que sea, que no tropiece

No hay caballo, por bueno que sea, que no tropiece

No hay caballo, por bueno que sea, que no tropiece

Significado

El refrán es una muestra clásica de la modestia sapiencial castellana: por muchas cualidades que se tengan, por mucha prudencia, por mucha experiencia, por muchas virtudes, siempre cabe un tropiezo. La imagen del caballo —animal noble, brioso, bien adiestrado— es la metáfora del varón cabal: el jinete que lo monta, el hombre prudente, la persona avisada. Pero ni el mejor caballo del mundo se libra de una piedra en el camino, de un mal paso, de un resbalón, de un descuido del jinete. La vida está llena de azares, y la prudencia no puede con todo.

La fórmula se cita, tradicionalmente, en dos contextos. El primero, para consolar al que ha cometido un error: nadie está libre de tropezar, y conviene no exagerar la culpa propia. El segundo, para moderar la soberbia del que presume de infalible: ni el mejor jinete ni el mejor caballo escapan al fallo ocasional. En ambos casos, el refrán funciona como un contrapeso contra la tentación de creerse perfecto, o de exigir perfección a los demás.

En el registro moral, la fórmula entronca con la doctrina cristiana de la condición caída del hombre: por muchos dones que Dios haya dado, el alma sigue siendo frágil, propensa al error, necesitada de perdón y de gracia. Por eso la fórmula, lejos de animar al desaliento, anima a la humildad: quien tropieza, se levanta, se sacude, mira el camino, sigue adelante. Tropezar no es fracasar; persistir, eso sí, es sabiduría.

Origen

El refrán es de origen castellano y se documenta en el Vocabulario de refranes de Gonzalo Correas (1627), bajo la glosa: “No hay caballo, por bueno que sea, que no tropiece: ni hombre, por avisado, que no yerre”. Tiene paralelos exactos en otras tradiciones romances: el italiano non c’è cavallo, per buono che sia, che non inciampi, el francés il n’y a pas de cheval si bon qui ne bronche y el portugués não há cavalo, por bom que seja, que não tropece. La común ocurrencia demuestra que la observación es universal, y hunde sus raíces en la experiencia milenaria de la caballería, donde los mejores corceles sufrían, en pleno camino, tropiezos que la prudencia del jinete no siempre podía evitar.

Se trata de un refrán popular de origen castellano, actualmente en desuso en su forma exacta, aunque la idea que transmite —la falibilidad del más experto, la humildad como reconocimiento del propio límite— conserva toda su vigencia en la conversación cotidiana. Lo hemos incluido dentro de la categoría Refranes de Animales, por la metáfora ecuestre que le da título, y por su utilidad como recordatorio de modestia ante los propios errores y los ajenos.

Fuente

No hay caballo, por bueno que sea, que no tropiece
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Categorías: N, Refranes de Animales · 20 de marzo de 2021

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Referencias