No hay primavera sin flores ni verano sin calores
No hay primavera sin flores ni verano sin calores
Significado
El refrán, a primera vista, no hace sino enunciar lo obvio: la primavera trae flores, el verano trae calor. Pero su alcance va mucho más allá de la simpleza. Lo que la fórmula viene a decir es que cada estación, cada edad, cada estado, cada oficio trae consigo su propia perfección inseparable, su inseparable compañía de luz y sombra, de bien y de no tan bien. La primavera, para que sea primavera, ha de tener flores —pero también lluvias y fríos residuales—. El verano, para que sea verano, ha de traer calores —pero también tormentas, noches frescas y largas tardes—. Quien pretenda la primavera sin lluvia o el verano sin bochorno, vivirá en un país imaginario que sólo existe en las fantasías de poetas malhumorados.
Por eso el refrán se aplica a mil circunstancias de la vida. Al joven se le aplican los ardores de la edad; al viejo, las serenidades de la suya. Al casado, las fatigas de la vida común; al soltero, las soledades de la suya. Al comerciante, los riesgos del oficio; al letrado, las asperezas de la toga. Quien acepta la condición de su tiempo —sea éste el que fuere— entiende la lección del refrán: nada viene solo, y cada bien lleva aparejado su no-bien, no como castigo, sino como definición.
En su uso didáctico, la fórmula se ha empleado en las aulas y en los predicadores para recordar a los oyentes que la realidad es un tejido inseparable de aspectos positivos y negativos, y que la aceptación serena de esa mezcla es la verdadera sabiduría. Es, en cierto modo, una versión doméstica y española de la doctrina antigua de la “conjunción de los opuestos” que ya formulara Heráclito en Éfeso.
Origen
El refrán es de origen castellano y se documenta en colecciones del siglo XVII, particularmente en el Vocabulario de Gonzalo Correas (1627), bajo la glosa: “No hay verano sin calor, ni primavera sin flores, ni otoño sin hoja, ni invierno sin hielo: cada cosa tiene su tiempo, y cada tiempo su condición”. Tiene paralelos exactos en otras tradiciones romances: el italiano ogni stagione ha il suo frutto, el francés à chaque saison son fruit y el portugués não há primavera sem flores nem verão sem calores. La observación es universal porque se funda en la experiencia inmediata del clima mediterráneo, y en la convicción popular de que la naturaleza no hace excepciones caprichosas.
Se trata de un refrán popular, actualmente en desuso en su forma exacta, aunque la idea que transmite sobrevive en el habla cotidiana bajo equivalentes como “no se puede tener todo” o “cada cosa a su tiempo”. Lo hemos incluido dentro de la categoría Refranes de Primavera, por su contenido meteorológico y por la celebración del ritmo estacional como expresión del orden natural.
Fuente
- Correas, Gonzalo. Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1627).