Parientes y trastos viejos, pocos y lejos

Parientes y trastos viejos, pocos y lejos

Parientes y trastos viejos, pocos y lejos

Significado

El refrán es uno de los más agudamente críticos del refranero castellano en materia de parentesco. Recomienda tener pocos parientes, y a esos pocos, lejos. La comparación con los trastos viejos —muebles rotos, jarras cascadas, ropas apolilladas— es demoledora: el pariente, como el trasto inservible, estorba, ocupa espacio y casi nunca se sabe bien qué hacer con él. La prudencia que la fórmula recomienda es de orden económico y psicológico: pocos parientes que reclamen ayuda, pocos parientes que murmuren en las decisiones familiares, pocos parientes a los que haya que mantener o visitar con excesiva frecuencia.

Detrás del humor y de la aparente falta de caridad subyace una observación milenaria sobre la condición del parentesco extenso. Donde la familia es numerosa, las obligaciones se multiplican: bodas, bautizos, comuniones, funerales, duelos, enfermedades, litigios por herencias. Quien tenga una parentela grande y cercana verá su vida regida por una red de obligaciones a las que no puede sustraerse sin coste. Por eso el refrán propugna una especie de “familia nuclear” avant la lettre: pocos miembros, con vínculos claros, a la distancia justa para conservar la estima sin que la convivencia se vuelva pesada.

En la literatura picaresca, el dicho se ha glosado con frecuencia, no sin cierto sadismo: el pícaro suele tener una parentela enredada, pesada, interesada, que le procura sinsabores y que justifica su decisión de “echarse al mundo”. En el teatro del Siglo de Oro, los entremeses están llenos de suegros, cuñados y primos fastidiosos que confirman el refrán en cada escena. Y en la moral popular, la fórmula sigue usándose, en broma y en serio, para recomendar la distancia cordial con parientes que, por su carácter o sus intereses, hacen más ruido que compañía.

Origen

El refrán tiene raíces antiguas en la cultura castellana, donde el sistema de mayorazgos y las complejas redes de parentesco hacían del pariente una figura ambigua, a la vez imprescindible y peligrosa. Aparece ya en el Vocabulario de refranes de Gonzalo Correas (1627), quien glosa la fórmula con una observación precisa: “Parientes y trastos viejos, en el desván y no a la vista”. Tiene paralelos exactos en otras tradiciones romances: el italiano parente lontano parente caro, el francés les parents et les vieux meubles, il vaut mieux les avoir loin de soi y el portugués parentes e trastes velhos, poucos e longe. La común ocurrencia demuestra que la observación sobre la relación entre la cercanía y la estima de los parientes es una constante de las sociedades tradicionales europeas, no una peculiaridad castellana.

Se trata de un refrán popular, actualmente en desuso en su forma exacta, aunque la prudencia que recomienda sigue viva en el habla cotidiana y se reformula a menudo con mayor ironía: “Familia, la que se puede mantener a gusto”, “A los parientes, de Pascuas a Ramos”. Lo hemos incluido dentro de la categoría Refranes de Familia, por su contenido directamente referido a la gestión del parentesco y a la tensión entre la obligación del vínculo y la legítima defensa de la propia paz.

Fuente

Parientes y trastos viejos, pocos y lejos
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Categorías: P, Refranes de Familia · 26 de abril de 2021

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Referencias