Perro ladrador, poco mordedor

Perro ladrador, poco mordedor

Perro ladrador, poco mordedor

Significado

El refrán distingue, con ojo avezado, entre dos tipos de personas (y, por extensión, de canes): las que amenazan, se jactan y prometen, y las que calladamente ejecutan. Quien mucho ladra, poca fuerza tiene: el ladrido es un sustituto de la mordedura, una manera de compensar con ruido lo que falta en potencia. Quien muerde, en cambio, no necesita ladrar: llega sin avisar, con la decisión muda del que sabe lo que hace. Por eso el refrán se aplica preferentemente a quienes se llenan la boca de bravatas y de promesas incumplidas, y por extensión a los valentones de taberna, a los matones de barrio, a los políticos de frases huecas.

La observación, que parecería obvia si no fuera por su pertinaz reiteración en la experiencia humana, tiene una explicación etológica clara: el perro que ladra es perro inseguro, que avisa para que el adversario no se acerque. El perro que muerde, en cambio, no avisa: actúa. Esta misma lógica se ha aplicado a los negociadores, a los rivales comerciales, a los litigantes. Quien anuncia con estrépito que “va a tomar medidas drásticas” raramente las toma; quien calla y, de pronto, presenta una demanda o una denuncia, demuestra que, en efecto, tenía intención de hacerlo.

El refrán se utiliza también, en sentido humorístico, para animar al tímido o al asustado: “No te preocupes, que ése es de los que ladran mucho y muerden poco”. Y en el registro literario, ha sido glosado por Cervantes en el coloquio de los perros del Casamiento engañoso, donde Cipión y Berganza discuten largamente sobre las maneras de los canes y de los hombres.

Origen

El refrán es de origen castellano y se documenta al menos desde el siglo XV. Gonzalo Correas lo recoge en su Vocabulario (1627) bajo la glosa: “Los que más amenazan menos hacen”. Tiene paralelos exactos en la tradición latina —latrator canis mordere non novit— y en otras lenguas romances: el italiano cane che abbaia non morde, el francés chien qui aboie ne mord pas y el portugués cão que ladra não morde. La observación es, por tanto, común a la cultura europea y hunde sus raíces en la experiencia milenaria de los pastores y cazadores, que sabían distinguir muy bien, por la cadencia y el ritmo del ladrido, cuándo un perro iba a atacar de verdad y cuándo se limitaba a la fanfarria verbal.

Se trata de un refrán popular de origen castellano, actualmente bastante usado, en su forma exacta, en el habla coloquial de España, México, Argentina y otros países hispánicos, para referirse a personas —y, por extensión, a amenazas— que se quedan en la advertencia y no pasan a la acción. Lo hemos incluido dentro de la categoría Refranes de Animales, por la metáfora canina que le da título, y también en Refranes Rancheros como tema secundario, por la conexión directa con la vida rural y la utilidad de la observación para los criadores de ganado.

Fuente

Perro ladrador, poco mordedor
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Categorías: P, Refranes de Animales · 20 de marzo de 2021

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Referencias