Por un perro que maté, mataperros me llamaron
Por un perro que maté, mataperros me llamaron
Significado
Advierte que un solo episodio puede arruinar una reputación entera. Quien cometió un error aislado —aunque fuera por accidente, por necesidad o por legítima defensa— queda marcado para siempre con un apodo injusto, y la gente recordará sólo eso, no las demás circunstancias. La fórmula es autoirónica: el que la pronuncia reconoce la etiqueta, pero también denuncia la desproporción entre el hecho y el castigo social.
El refrán tiene una lectura práctica evidente: enseña a cuidarse de los actos únicos y notorios, porque crean estereotipos difíciles de borrar. Y una lectura moral: el lenguaje de la gente suele ser injusto, y quien carga con un mote peyorativo lo lleva consigo aunque la conducta que lo motivó no se repita nunca.
Origen
Es un refrán castellano de antiguo cuño, presente en colecciones del siglo XVII. Gonzalo Correas lo recoge en su Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1627) bajo una forma muy cercana a la actual. Su popularidad se entiende porque toca una experiencia universal: la de haber sido juzgado por un episodio aislado, sin atención al contexto.
La figura del «mataperros» es interesante desde el punto de vista léxico: designa originalmente a quien mata perros, oficio real entre los matarifes y los perreros profesionales, y de ahí pasó a insulto genérico, aplicado a personas de malos modales o de trato cruel. El refrán recoge ese tránsito y lo convierte en observación social.
Cuándo se usa
Se usa cuando alguien se queja de que le han puesto una etiqueta injusta por un error aislado, o cuando el hablante se aplica a sí mismo la ironía de reconocer un mote merecido o inmerecido. Funciona en conversaciones íntimas y en crítica social: también alude a reputaciones políticas, a chivos expiatorios, a personas señaladas por rumores. No es adecuado para defenderse de acusaciones graves, donde la ironía se interpretaría como cinismo.
Ejemplo
Le preguntaron por qué no había vuelto a tocar en público, y él se encogió de hombros: «Por un perro que maté, mataperros me llamaron. Bastó una noche de borrachera para que nadie quisiera contratarme en diez años».
Curiosidad lingüística
El refrán es un caso claro de etiqueta por generalización precipitada: un solo hecho se extrapola al carácter, y el mote sobrevive a las aclaraciones. Esa estructura se ha repetido en muchos refranes: «Por una vez no acontece», «El que tuvo, retuvo», «Cría fama y échate a dormir». La forma métrica, además, es muy musical: dos versos de doce y once sílabas con rima consonante en -é / -aron, que se han fijado en la memoria popular.
Variantes
- «Por un perro que maté, mataperros me llamaron» (forma canónica).
- «Por un hecho, no por cien» (forma esquemática, usada como descargo).
- «Cría fama y échate a dormir» (pariente, sobre la inercia del renombre).
Fuente
- Correas, Gonzalo. Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1627).