Un padre para cien hijos y no cien hijos para un padre
Un padre para cien hijos y no cien hijos para un padre
Significado
El refrán es uno de los más conmovedores del refranero familiar, y condensa con admirable exactitud la asimetría del amor entre padres e hijos. Un solo padre —con sus manos, con su salario, con su energía, con su paciencia, con su tiempo— puede bastar para criar a cien hijos: basta con que los ame, los alimente, los eduque, los defienda, los corrija. Pero cien hijos —con sus manos, con sus salarios, con sus energías, con sus paciencias, con sus tiempos repartidos en otras tantas vidas— pocas veces bastan para asistir a un solo padre en la vejez, en la enfermedad, en la soledad, en la pobreza. La inversión afectiva es desigual: el padre da todo a los hijos; los hijos, ya crecidos, no siempre devuelven, ni en proporción, lo que recibieron.
La fórmula tiene, además, una lectura social: la familia, en tanto célula de la sociedad, no se sostiene por la reciprocidad estricta, sino por la entrega asimétrica de los padres. Si todos los hijos exigieran a sus padres el mismo cuidado proporcional que recibieron, el mundo se paralizaría. El padre ama sin cálculo, y por eso es el motor oculto de la civilización. Pero el refrán también es una queja: los hijos, con frecuencia, son ingratos. Cumplen el ciclo natural de la crianza, toman lo recibido, y miran hacia adelante, sin volver la cabeza al que gastó su vida en prepararlos. Por eso el refrán, en su segunda mitad, no es sólo una constatación, sino una advertencia y un reproche.
En el registro mexicano contemporáneo, la fórmula se cita con frecuencia en funerales, en visitas al cementerio, en conmemoraciones del padre o de la madre. La frase, en boca de quien la dice, lleva aparejada una reflexión serena sobre la propia limitación: “yo, que fui hijo, también fui ingrato; ahora que soy padre, sé lo que cuesta”. La asimetría que el refrán denuncia se convierte, así, en acicate para que el hijo, a su vez, sea mejor padre del que fue hijo.
Origen
El refrán es de origen castellano y se documenta en el Vocabulario de Gonzalo Correas (1627) bajo la glosa: “Un padre para cien hijos, y no cien hijos para un padre: que el amor del padre es de raíz, y el de los hijos, de conveniencia”. Tiene paralelos exactos en otras tradiciones romances: el italiano un padre per cento figli, e non cento figli per un padre, el francés un père pour cent enfants, et non cent enfants pour un père y el portugués um pai para cem filhos, e não cem filhos para um pai. La común ocurrencia muestra que la observación es universal, y se funda en la experiencia milenaria de las comunidades humanas, donde el ciclo de la crianza y de la vejez se ha vivido siempre con esta misma asimetría.
Se trata de un refrán popular, actualmente en desuso en su forma exacta, aunque la idea que transmite —la asimetría entre el amor paterno y el amor filial— conserva toda su vigencia en la conciencia común, y se reactiva con fuerza en los aniversarios, en los Días del Padre, en los lechos de los ancianos. Lo hemos incluido dentro de la categoría Refranes de Familia, por su contenido directamente referido a la relación entre padres e hijos, y por su invitación a cultivar la gratitud filial como respuesta a la entrega paterna.
Fuente
- Correas, Gonzalo. Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1627).