Cada minuto nace un chino y un pendejo
Cada minuto nace un chino y un pendejo
Significado
El refrán es uno de los más coloridos del refranero mexicano, y se cita, con tono risueño, para subrayar la idea de que el tiempo es pródigo: cada instante, en cualquier parte del mundo, trae al mundo un recién nacido. La mención del “chino” —en su sentido antiguo, gentilicio para referirse a los habitantes de China, país que desde el siglo XIX era percibido en México como la nación más poblada del planeta— y del “pendejo” —vocablo coloquial mexicano, de uso frecuentísimo, equivalente a “tonto”, “necio”, “persona sin juicio”—, suma dos universalidades: la de los nacimientos y la de los desatinos humanos. Cada minuto, en suma, alguien viene al mundo, y con él viene también un déficit de prudencia que el resto de la humanidad ha de compensar.
La fórmula, en su uso humorístico, sirve para encarecer la inagotable variedad del género humano. Frente al que se asombra de un caso particular —un maleducado, un bribón, un atolondrado—, el refrán responde: no te asombres, no te escandalices, no pierdas el tiempo, que cada minuto nace un chino y un pendejo más en el mundo. La realidad, en su caudal sin fin, siempre traerá un caso más estrambótico, más ridículo, más digno de lástima o de risa. Es una forma de relativizar las propias desgracias, y de practicar la virtud estoica de la indiferencia.
En su uso crítico, sin embargo, la fórmula esconde una reflexión más agria: la especie humana, lejos de perfeccionarse con el tiempo, no deja de producir individuos desafortunados, dotados de todas las limitaciones de la condición caída. La ironía, en este registro, se vuelve amarga, y el refrán, de manual de buen humor, se convierte en recordatorio melancólico de la incurable estupidez de la quehacer humano. El humor, en el refranero mexicano, suele ser la máscara de la amarga lucidez.
Origen
El refrán es de origen mexicano y se documenta al menos desde finales del siglo XIX en colecciones de modismos populares. Tiene paralelos exactos en otras tradiciones americanas: el cada minuto nace un gringo de la versión rioplatense (donde el gentilicio cambia según el contexto), el cada minuto nace un pendejo de la versión colombiana, y la forma genérica cada minuto nace alguien en algún lugar. La común ocurrencia muestra que la observación —la inagotable creatividad del género humano para producir desatinos— es universal, y se funda en una reflexión casi bíblica sobre la abundancia de la creación, paradójicamente acompañada de la abundancia de la necedad.
Se trata de un refrán mexicano, actualmente poco usado en su forma exacta, aunque la idea que transmite —la inagotable oferta humana de caracteres estrambóticos— conserva toda su vigencia en el habla coloquial, donde se cita para bajar la inflamación del propio enojo o para encajar con buen humor los reveses de la convivencia. Lo hemos incluido dentro de la categoría Refranes del Tiempo, por su estructura cuantificadora (“cada minuto”) que alude a la medición temporal, y por su utilidad como recordatorio de la paciencia ante la abundancia de los casos.
Fuente
- Pérez Martínez, Herón. Refranero mexicano (Academia Mexicana de la Lengua, edición en línea).