Con dinero no se olvidan los encargos
Con dinero no se olvidan los encargos
Significado
El refrán es una de las observaciones más cínicas —y por eso mismo más exactas— del refranero mexicano sobre el poder del dinero. El encargo —la promesa, el favor, la diligencia, la compra, el trámite— se realiza a tiempo y bien hecho cuando hay dinero de por medio. Sin dinero, en cambio, la memoria se nubla, la voluntad se adormece, las excusas proliferan. La fórmula, por tanto, no es una apología de la riqueza, sino una denuncia del modo en que, en una sociedad mercantilizada, el dinero se ha convertido en la lengua franca de la obligación: el que paga, recibe; el que no paga, espera.
En su uso coloquial, la fórmula se cita para encarecer la inutilidad de confiar en la buena voluntad del prójimo sin respaldo material. Quien encomienda una gestión, un envío, un recado, ha de saber que la buena palabra se desvanece con el tiempo, pero el dinero permanece, y mientras haya dinero, la memoria del encargo se mantiene viva. La observación es, en este sentido, una lección práctica de la psicología del interés: los hombres se mueven más por la promesa de ganancia que por la promesa de amistad, y conviene no hacerse ilusiones al respecto.
En el registro crítico, sin embargo, la fórmula también podría leerse como una invitación a la reciprocidad: si la sociedad sólo funciona a base de dinero, el deber de cada uno es pagar puntualmente, con el fin de que el circuito de los encargos se mantenga en marcha. El comercio, la mensajería, la abogacía, la medicina, la docencia, todos los oficios dependen de que el dinero circule con regularidad. Sin él, los servicios se paralizan, los profesionales desertan, las instituciones se hunden. La fórmula, en suma, no elogia al dinero, pero reconoce su papel indispensable en la vida práctica.
Origen
El refrán es de origen mexicano y se documenta al menos desde el siglo XIX en colecciones de modismos populares. Tiene paralelos exactos en otras tradiciones americanas: el con plata se entiende la gente de la versión rioplatense, el al contado no hay descuido de la versión colombiana, y la forma genérica quien paga, manda. La común ocurrencia muestra que la observación es universal, y se funda en la experiencia elemental de la economía de servicios, donde la prioridad de la atención se gradúa en función de la contraprestación recibida.
Se trata de un refrán mexicano, actualmente poco usado en su forma exacta, aunque la idea que transmite —la primacía del dinero como motivador de la memoria y de la voluntad— conserva toda su vigencia en la vida cotidiana, donde la fórmula se reactiva cada vez que un encargo se retrasa por falta de pago, o se cumple con prontitud cuando la recompensa es segura. Lo hemos incluido dentro de la categoría Refranes de Economía, por su contenido directamente referido a la circulación del dinero como condición de la eficacia de los servicios.
Fuente
- Pérez Martínez, Herón. Refranero mexicano (Academia Mexicana de la Lengua, edición en línea).