Dinero mal prestado, en el lomo de un venado

Dinero mal prestado, en el lomo de un venado

Dinero mal prestado, en el lomo de un venado

Significado

Se suma a los refranes que desaconsejan el préstamo con la imagen del dinero huyendo a lomos de un venado. La fórmula lleva consigo una pregunta oculta: ¿quién se acerca a un venado para cobrarle? El animal huye, y el prestamista se queda con el aire. Es un refrán de economía doméstica y de prudencia crediticia: prestar a quien no ha de pagar, o prestar sin garantía, es regalar el dinero al viento.

La forma es la de un refrán categórico-metafórico del tipo «A, en el lomo de B». La estructura es una aposición que se cierra con la imagen del venado. Esa imagen es muy mexicana: el venado, en el campo novohispano, era el animal más veloz y el más huidizo, y prestarse un dinero a su montura era asegurar que no regresaría jamás. La elección de la metáfora es, además, técnicamente exacta: el lomo de un venado no es silla de prestamista, sino fuga sin retorno.

Origen

Es un refrán mexicano registrado por Herón Pérez Martínez en su Refranero mexicano y clasificado entre los Refranes de Economía. Pérez Martínez lo encuadra en la familia de los refranes que desaconsejan el préstamo, y lo cita junto a otros de estructura idéntica, como «Presta y cobra, y serás hombre», «A quien prestas, no le das», «Quien te fiía, te miente». La fórmula dialoga con un acervo muy antiguo: en la literatura sapiencial bíblica, el Deuteronomio (15, 6) ya advierte que «prestarás a muchas naciones, y tú no tomarás prestado»; el refrán mexicano pone a la inversa esa ley, no desde el punto de vista del acreedor, sino del deudor.

La elección del venado como metáfora no es casual: en el campo mexicano, el venado era, hasta bien entrado el siglo XX, el animal más representativo de la fauna veloz, y su sola mención evocaba la imposibilidad de la captura. La fórmula se aclimató en las haciendas y en los obrajes, donde los préstamos entre peones se prestaban a la usura y los registros de la deuda se asentaban con frecuencia sin la firma del deudor. Herón Pérez Martínez lo cita como superviviente de esa cultura económica, poco usado ya en la conversación moderna.

Cuándo se usa

Es un refrán de prudencia crediticia y de humor campero. Se usa cuando un conocido pide dinero que claramente no piensa devolver, o cuando un acreedor descubre que ha prestado a quien no tiene intención ni posibilidad de pago. Funciona muy bien en la conversación familiar, en el mercado, y en comentarios sobre los préstamos al consumo y las tarjetas de crédito. Conviene en contextos de advertencia, no de reproche abierto, porque la imagen del venado tiene un punto de humor.

Ejemplo

—Don Refugio, ¿le prestó los cinco mil al compadre? —Sí, mijo, y ya me di cuenta de que fue dinero mal prestado, en el lomo de un venado. Más vale perder amigo que plata.

Curiosidad lingüística

Pertenece a la familia de los refranes del préstamo perdido, donde el acreedor se presenta ya como vencido desde el momento de la firma. Es un subgénero muy nutrido del refranero: «Presta y cobra, y serás hombre», «A quien prestas, no le das», «Quien fía, perece; quien no fía, vive». La particularidad de este es la imagen zoomorfa: el dinero no se pierde, se va a lomos de un venado. Esa personificación, común en el refranero mexicano y poco frecuente en el castellano peninsular, es una de las marcas de la paremiología rural novohispana, donde la fauna local —venado, tlacuache, zorrillo— entra al refrán con la misma naturalidad con la que entra a la conversación.

Variantes

Fuente

Dinero mal prestado, en el lomo de un venado
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Categorías: D, Refranes de Economía · 5 de abril de 2021

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Referencias