Do fuerza hay, derecho se pierde

Do fuerza hay, derecho se pierde

Do fuerza hay, derecho se pierde

Significado

Recuerda que, con frecuencia, las presiones de los poderosos consiguen que no se haga justicia. La fórmula es una de las más críticas del refranero jurídico castellano, y forma parte del repertorio clásico de la sátira contra la corrupción y el abuso de poder. Es un refrán de desconfianza institucional y de diagnóstico social: el derecho existe en el papel, pero cede ante el poder fáctico; la ley se proclama, pero la fuerza la contradice.

La forma es la de un refrán condicional-temporal del tipo «do A hay, B se pierde». La elección del arcaísmo do (donde) le da al refrán un aire de romance castellano, y la rima interna entre fuerza y pierde —con la f en posición de ataque y la p en posición final— le da una musicalidad en sordina que lo hace muy recordable. La estructura es condicional sin condicional: la fuerza no es un si hipotético, es un do geográfico, es decir, allí donde la fuerza impera, el derecho cede.

Origen

Es un refrán castellano con raíces que se remontan al menos al siglo XVI. La idea dialoga con un aforismo atribuido a Tácito: «Solitudinem faciunt, pacem appellant» (hacen el desierto y lo llaman paz), y con un pasaje paulino (Romanos 13, 1): «Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad que no provenga de Dios». La fórmula exacta se recoge en colecciones de Correas (1627) y en Sbarbi (1922). En la tradición popular novohispana se aclimató con naturalidad, y se cita con frecuencia en pláticas de moral pública, en literatura de crítica y en la conversación de abogados.

En México se aclimató con particular fuerza en el México colonial y porfiriano, donde la separación entre la ley escrita y la ley ejecutada era un lugar común de la sátira costumbrista. Herón Pérez Martínez lo cita en su Refranero mexicano como ejemplo de refrán de justicia en desuso en la conversación moderna, pero todavía presente en la literatura política, en la crónica judicial y en la conversación entre personas mayores. La fórmula se usa también en pláticas de espiritualidad, donde se aplica al contraste entre el derecho humano y la justicia divina.

Cuándo se usa

Es un refrán de crítica política y de humor judicial. Se usa para describir una decisión de un tribunal que se sabe influida por el poder, o para reconocer que la ley no siempre se aplica. Funciona muy bien en la sobremesa, en la conversación de bufete, y en comentarios sobre la política nacional, donde la separación entre ley y poder es un tema recurrente. Conviene en contextos serios o de humor cínico; en presencia de un juez, es directamente ofensivo.

Ejemplo

—Don Refugio, ¿y por qué no apeló la sentencia? —Mire, mijo, ¿para qué? Do fuerza hay, derecho se pierde. El licenciado de la otra parte tenía amigos en el juzgado.

Curiosidad lingüística

Pertenece a la familia de los refranes de la justicia cedida, donde la ley se presenta como víctima del poder. Es un subgénero muy nutrido del acervo castellano: «Justicia por su casa, no alborota», «A quien ley no le vale, fuerza le mata», «La ley se hace para los rateros y se rompe para los caballeros». La particularidad de este es el arcaísmodo (donde), que en el habla moderna suena afectado pero que en el refrán conserva su valor de fórmula antigua. Esa operación es la que le da al refrán su aire de sentencia inapelable: lo que podría ser un dicho moderno se presenta como verbo de la vieja jurisprudencia, con peso y autoridad. Es, además, un caso de refrán antiformalista: la fórmula desconfía de la forma jurídica y reivindica la realidad del poder.

Variantes

Fuente

Do fuerza hay, derecho se pierde
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Categorías: D, Refranes de Justicia · 10 de abril de 2021

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Referencias