Nadie puede ser juez y parte

Nadie puede ser juez y parte

Nadie puede ser juez y parte

Significado

Enuncia un principio básico de imparcialidad: quien tiene interés directo en un asunto no puede resolverlo con objetividad, porque la doble condición de árbitro y contendiente imposibilita la ecuanimidad. La fórmula se aplica tanto a la administración de justicia formal —donde el derecho procesal moderno establece la recusación del juez que tenga parentesco, amistad íntima o enemistad con las partes— como a la vida cotidiana, donde se repite cada vez que un amigo pretende mediar en un conflicto entre dos cónyuges, o que un vecino opine sobre la disputa de los vecinos contiguos, o que el propio padre pretenda juzgar la pelea de sus hijos con la misma vara con la que mide a los ajenos.

El refrán se asienta sobre la convicción de que la condición humana, falible y apasionada, no puede desprenderse por completo de sus intereses y afectos. Pretender lo contrario es la forma más sutil de arbitrariedad, porque se disfraza de neutralidad lo que en realidad es un sesgo declarado. Por eso, en derecho romano, la máxima nemo iudex in causa sua —“nadie juez en asunto propio”— se convirtió en piedra angular del debido proceso, y por eso la Constitución española, la mexicana, la argentina y cuantas siguen la tradición romanista recogen variantes del mismo principio.

En su uso coloquial, la expresión sirve también para llamar la atención sobre quien, teniendo parte en una discusión, pretende erigirse en árbitro supremo del conflicto. Es una invitación a la modestia epistémica: reconocer los propios límites, identificar los intereses que nos vinculan al asunto y, en consecuencia, abstenerse o, al menos, declarar abiertamente la parcialidad.

Origen

La formulación más antigua del principio se encuentra en el derecho romano clásico, donde la institución de la recusatio permitía a las partes solicitar el apartamiento del juez considerado sospechoso. La frase latina nemo debet esse iudex in propria causa, recogida por los juristas medievales y glosada en las universidades de Bolonia, Salamanca y Alcalá, sintetizaba una práctica procesal milenaria. En lengua vulgar castellana, la fórmula “juez y parte” se documenta desde el siglo XIII, en los fueros municipales de la corona de Castilla, y alcanza forma proverbial en el refranero del XVI —aparece en el Diálogo de la lengua de Valdés (1535)— y se perpetúa en colecciones como las de Hernán Núñez (1555) y Gonzalo Correas (1627).

Se trata de un refrán popular, actualmente poco usado en su forma literal, aunque el principio que enuncia sigue plenamente vigente tanto en el lenguaje jurídico como en la conversación cotidiana, donde se cita cada vez que un tertuliano, directivo o gobernante pretende opinar sobre un asunto del que forma parte. Lo hemos incluido dentro de la categoría Refranes de Justicia, por ser uno de los aforismos más antiguos y universales del derecho natural.

Fuente

Nadie puede ser juez y parte
Comparte la imagen del refrán: Nadie puede ser juez y parte
Categorías: N, Refranes de Justicia · 10 de abril de 2021

Otros Refranes de Refranes de Justicia

Referencias