El dinero no tiene olor

El dinero no tiene olor

El dinero no tiene olor

Significado

Es uno de los refranes más cínicos y universalmente conocidos del refranero económico: el dinero es moralmente neutro, y a quien lo recibe le tiene sin cuidado su procedencia. Lo que se gasta en pan, en vino o en coches no arrastra la historia de cómo se ganó, y por eso el avaro, el vividor y el criminal pueden vivir tranquilos: la moneda que cambia de manos lava culpas en cada transacción.

La fórmula es demoledora en su sencillez: cinco palabras que niegan el olfato del dinero, esto es, su capacidad de revelar el origen. Quien lo acepta renuncia implícitamente a preguntar de dónde viene, y al hacerlo se convierte en cómplice pasivo del origen que no quiere conocer.

En clave moral, el refrán es una confesión de cinismo social: todos preferimos un ingreso opaco pero disponible, a una denuncia clara pero estéril. En clave económica, es un reconocimiento de que el mercado no discrimina la procedencia de los capitales: lo que cuenta es el precio, no la historia. En clave política, es la justificación más cómoda para la corrupción: «mientras no se pruebe, no hay delito, y mientras no haya delito, no hay mal olor».

Es, en el fondo, una de las frases que mejor describe la hipocresía social ante la riqueza mal habida. La cultura popular la repite, los moralistas la critican, y la realidad económica le da la razón todos los días.

Origen

El refrán tiene un origen histórico muy concreto: se atribuye al emperador romano Vespasiano (9-79 d. C.), quien al recibir el impuesto sobre los orines públicos (que los recaudadores usaban para limpiar la ropa) y al escuchar la queja de su hijo Tito por el origen del gravamen, acercó a sus narices una moneda de oro y le dijo: «Pecunia non olet» (el dinero no huele). Suetonio lo cuenta en Vida de los doce Césares.

La fórmula latina «Pecunia non olet» se difundió por toda Europa y se tradujo al castellano con la forma actual. Aparece en el Libro de refranes de Vallés (1549), en el Vocabulario de Correas (1627) y, ya entrado el siglo XX, en el Diccionario de refranes de Sbarbi (1922), donde se anota su origen imperial romano.

En el contexto mexicano se documenta a partir del siglo XIX, y tuvo especial circulación durante el porfiriato, época en la que grandes fortunas se amasaron con concesiones, concesiones sobre concesiones y contratos públicos no siempre transparentes. La frase se aplicaba también al contrabando y al juego, dos actividades que producían caudales enormes y «sin olor» para sus beneficiarios. Hoy se cita en columnas de política, en clases de economía y en conversaciones sobre la corrupción estructural.

Cuándo se usa

Es un refrán diagnóstico y de advertencia, útil para describir cómo funciona una sociedad. Funciona muy bien en conversaciones sobre dinero, política, contratos, regalos caros, patrocinios dudosos. Se usa también en clave irónica para criticar la moral laxa del entorno.

No es adecuado en contextos donde se esté defendiendo la honestidad, ni en presencia de personas ofendidas por el tema. Usarlo con cinismo es legítimo; usarlo para justificar una conducta propia resulta revelador y penoso.

Ejemplo

—¿Y no te da cosa que esos señores sean los que financian la campaña? —Pues mira, hijo, el dinero no tiene olor. Si lo hay, se usa; si no, no ganamos. Luego, ya en el gobierno, se verá cómo se devuelve el favor.

Curiosidad lingüística

La metáfora del olfato aplicada al dinero es uno de los hallazgos más logrados del refranero europeo. La idea de que el dinero, como los alimentos, podría oler a su origen, y por tanto delatarlo, se remonta a los tratados de fisiognómica medievales. Negar el olfato del dinero es, retóricamente, negar la posibilidad misma de rastrear el origen de la riqueza, y por eso la frase sigue siendo tan útil para la crítica social.

Variantes

Fuente

El dinero no tiene olor
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Categorías: E, Refranes de Economía · 20 de marzo de 2021

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Referencias