El tiempo cura al enfermo, que no el ungüento

El tiempo cura al enfermo, que no el ungüento

El tiempo cura al enfermo, que no el ungüento

Significado

Es un refrán médico y moral del refranero castellano, y postula que el paso del tiempo es más eficaz para sanar que cualquier remedio externo. La fórmula contrapone dos sujetos —el tiempo y el ungüento— y adjudica al primero el poder curativo. Es una profecía de paciencia: la salud perdida, sobre todo la de los males morales (las penas de amor, las tristezas, las decepciones), no se cura con apresuramiento, sino con la lenta labor del tiempo.

Pérez Martínez lo incluye en su Refranero mexicano como un refrán del tiempo y, al mismo tiempo, como un refrán médico, y precisa que su aplicación se refiere sobre todo a los males morales (los «causados por el amor, no a los físicos»). Esa precisión es importante: el refrán no niega la utilidad de la medicina, sino que limita su jurisdicción a los males del cuerpo; para los males del alma, el ungüento no sirve, y sólo el tiempo hace su trabajo.

La estructura es la de una contraposición excluyente: «tiempo… que no ungüento» introduce una negación categórica que limita el alcance del segundo término. La construcción «que no» es, en el refranero castellano, la marca gramatical de la negación adversativa: lo que viene detrás de «que no» queda invalidado como opción. Es un recurso formal muy usado para contraponer dos posibilidades y dejar sólo una en pie.

En el uso mexicano, el refrán se aplica a tres figuras recurrentes:

La frase ha alcanzado tal vigencia que se ha lexicalizado en el habla cotidiana: «dale tiempo al tiempo» es una de las recomendaciones más socorridas de las abuelas mexicanas.

Origen

Es un refrán castellano de ascendencia medieval, con paralelos en la medicina hipocrática y en la tradición monástica europea. La fórmula «Tempus sanat» (el tiempo cura) aparece en los textos médicos de la Edad Media, y Erasmo la recoge en sus Adagia (1500) como proverbio universal. En el refranero castellano, la versión completa se documenta en Correas (1627) y se consagra en Sbarbi (1922).

Su paralelo latino es «Tempus vulnera sanat, sed non statim data sanit» (el tiempo cura las heridas, pero no las sana de inmediato), atribuido a Galeno y luego a Avicena. Su paralelo inglés es «Time heals all wounds» (el tiempo cura todas las heridas), documentado desde el siglo XIV. En francés y en alemán hay refranes de estructura idéntica, todos con la misma lógica: el tiempo es el gran sanador de los males del cuerpo y del alma.

En México se documenta en el Refranero multilingüe del CVC y en el Refranero mexicano de Herón Pérez Martínez, dentro de la categoría «Refranes del Tiempo». La frase tuvo especial circulación entre los médicos rurales y los curanderos tradicionales, que conocían los límites de su propio arte y, al mismo tiempo, la potencia curativa del descanso y del paso de los días. Hoy se cita con naturalidad en la conversación familiar y en las recomendaciones de los abuelos.

Cuándo se usa

Es un refrán médico y moral, dirigido a quien busca una solución apresurada para un mal del cuerpo o del alma. Funciona muy bien en la conversación familiar, en el consejo a un doliente, en la reflexión sobre la paciencia, en críticas a la obsesión farmacológica. Funciona también, en clave irónica, para reprochar a quien no se concede tiempo a sí mismo y vive aceleradamente.

No es un refrán para usar en presencia de un enfermo grave, porque la fórmula puede leerse como desinterés por la salud. Se usa mejor como recomendación prudente y como consuelo en el duelo.

Ejemplo

—Llevo un mes sin poder dormir desde la muerte de mi mamá. —Hijo, el tiempo cura al enfermo, que no el ungüento. Dale tiempo al tiempo. De a poco, irás sanando. No hay medicina que cure el alma, sólo el paso de los días.

Curiosidad lingüística

La estructura «X cura a Y, que no Z» es uno de los moldes de adjudicación del refranero castellano, y aparece en decenas de refranes que establecen quién o qué tiene el poder sobre una materia: «El ojo del amo engorda al caballo, que no el ojo del criado», «La letra con sangre entra, que no con miel», «La música amansa a las fieras, que no a las personas». La fórmula tiene la ventaja de nombrar tres elementos (X, Y, Z) y establecer una relación clara entre ellos: X actúa sobre Y, en contra de lo que se esperaría de Z. Esa claridad es la que vuelve al refrán didáctico y memorizable.

Variantes

Fuente

El tiempo cura al enfermo, que no el ungüento
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Categorías: E, Refranes del Tiempo · 8 de abril de 2021

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Referencias