Entre dos amigos, un notario y dos testigos

Entre dos amigos, un notario y dos testigos

Entre dos amigos, un notario y dos testigos

Significado

Recuerda que incluso entre los mejores amigos, las formalidades jurídicas son necesarias cuando se trata de negocios. La amistad no excluye el papel firmado ni la presencia de testigos: al contrario, las formalidades bien puestas son la mejor manera de preservar la amistad, porque evitan que un desacuerdo comercial se convierta en un conflicto personal. Quien rehúsa el documento por considerar que «entre nosotros no hace falta», está sembrando la semilla de una ruptura futura.

La fórmula tiene una dimensión ética notable: en la tradición castellana, los «papeles» eran la garantía del débil frente al poderoso, del deudor frente al acreedor, del socio menor frente al mayor. Negarse a firmar era una prerrogativa del fuerte, y por eso el refrán invierte la situación: quien propone el notario es el que verdaderamente quiere al amigo, porque lo protege de futuras malentendidos.

Origen

Es un refrán castellano con raíces en la tradición jurídica castellana de los siglos XVI y XVII. La figura del notario —el oficial público que da fe de los actos jurídicos— es central en la vida civil desde el derecho romano. Los tratadistas de la Suma de la ley y los moralistas barrocos insistieron en la conveniencia de formalizar por escrito los acuerdos, incluso los amistosos. La imagen del «notario + dos testigos» era la fórmula mínima del acto jurídico válido.

En el refranero castellano, Correas (1627) y Sbarbi (1922) lo registran. En México se documenta con uso «en desuso» en la conversación urbana, pero pervive en la cultura jurídica popular y en el habla de los abogados y notarios rurales. La cultura mexicana tiene una larga tradición oral sobre la mala fe en los negocios familiares, y la fórmula del notario y los testigos se ha convertido en una observación recurrente sobre los peligros del «arreglo de palabra».

Cuándo se usa

Es un refrán de prudencia jurídica, apropiado para recordarle a alguien que está por cerrar un trato con un amigo y conviene formalizarlo. Funciona muy bien en la conversación familiar, en la sobremesa, en la consejería entre socios. No es adecuado para usarlo en contextos donde la desconfianza sea síntoma de un problema mayor: a veces el amigo al que se le pide notario es, justamente, en quien no se confía. Usarlo bien es aplicarlo a la formalidad preventiva, no a la suspicacia permanente.

Ejemplo

—Hermano, le voy a prestar el rancho al compadre para que siembre unas hectáreas. No hace falta que firmemos nada, ¿no? Total, nos conocemos de toda la vida. —Pues mira, justo por eso: entre dos amigos, un notario y dos testigos. Lo que se hace por escrito, no se discute después.

Curiosidad lingüística

La construcción «entre X, + lista enumerativa» es una de las más descriptivas del refranero castellano: «entre dos amigos, un notario y dos testigos», «entre bueyes no hay cornadas», «entre col y col, lechuga». La fórmula presenta una condición social (la amistad) y una condición jurídica (el documento, los testigos) como si fueran igualmente naturales. Esa operación retórica es la que da al refrán su humor inconfundible: a primera vista, parece una incongruencia (mezclar amistad con notario), pero el oído lo entiende como una lección de prudencia. La palabra «testigos» —del latín testis, «el que atestigua»— arrastra una carga jurídica milenaria, y es la que da al refrán su peso de formalidad.

Variantes

Fuente

Entre dos amigos, un notario y dos testigos
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Categorías: E, Refranes de Amistad · 20 de marzo de 2021

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Referencias