Ir a esperar la hora de salida, es buena vida
Ir a esperar la hora de salida, es buena vida
Significado
Describe con sorna la actitud del empleado que va a trabajar sólo a esperar la hora de salida: cumple con ir, mata el tiempo en la oficina, y concentra toda su energía mental en el momento en que pueda salir. Es, por extensión, una crítica al funcionario perezoso cuya jornada productiva es nula, pero cuya presencia está garantizada.
Rubio, citado por Herón Pérez Martínez, precisa que el refrán «va con los empleados del gobierno que tienen fama, bien o mal ganada, allá ellos, de ser muy flojos y estar ansiando sólo el momento de salir de la oficina». La fórmula «allá ellos» delata que la comunidad no exonera al sujeto: lo señala y lo abandona a su suerte.
En su uso más general, no se aplica sólo a los funcionarios: vale para cualquier persona que acude a su trabajo sin intención real de trabajar y se contenta con pasar las horas. Es un refrán de observación social, no de prescripción moral: describe, no condena.
Origen
Es un refrán mexicano del acervo oral, recogido por Rubio en el altiplano central y documentado por Herón Pérez Martínez en el Refranero mexicano. Su momento de consolidación más probable es el México de la primera mitad del siglo XX, cuando el crecimiento del aparato burocrático federal —ministerios, empresas paraestatales, organismos descentralizados— hizo visible una casta de empleados públicos cuya dedicación al trabajo era, en muchos casos, proverbial.
El refrán recoge una queja muy antigua: la del contribuyente que paga salarios para que el funcionario se dedique a esperar el reloj. La paremiología española ya tenía antecedentes del tema —«Oficio que no da pan, canilla que no da saña» y otros— pero la versión mexicana tiene el detalle realista de la hora de salida, propia de una sociedad donde el horario fijo de oficina era ya una institución.
No se conoce fecha precisa de aparición. Lo que sí está documentado es su uso estable en el centro de México durante el siglo XX.
Cuándo se usa
Es un refrán crítico y humorístico, propio de la conversación cotidiana:
- En la charla de oficina entre compañeros, para quejarse del compañero que «viene a matar el tiempo».
- En la conversación familiar, sobre un pariente que «va a trabajar» pero en realidad «va a esperar la hora de salida».
- En la sátira social, como observación de que la burocracia absorbe sueldos sin producir.
No es un refrán para usar delante del afectado: su gracia depende de la distancia irónica del que lo enuncia.
Ejemplo
—¿Y tu compadre, qué tal en la nueva chamba? —Va a esperar la hora de salida, es buena vida. Llega a las nueve, se toma su café, platica con la secretaria y a las tres ya está empacando. Pero el sueldo cae puntualmente.
Curiosidad lingüística
El refrán es un caso de sinestesia temporal: «esperar la hora de salida» no es un instante, es un estado: el empleado no espera un momento, vive en esa espera toda la jornada. El giro «es buena vida» es irónico: describe una «buena vida» invertida, en la que el placer está en no hacer nada.
En la fonética, el refrán tiene un ritmo lento y perezoso: las eses se repiten (esperar, salida, es), y la frase avanza sin prisa, como avanza el propio funcionario al que describe. Es un caso notable de mimesis prosódica: el refrán suena como el aburrimiento que pinta.
Variantes
- «Ir a esperar la hora de salida, es buena vida» (forma canónica).
- «Va a la oficina a esperar la quincena» (pariente conceptual, más crudo).
- «Oficio sin oficio, beneficio sin beneficio» (pariente castellano, sin la marca mexicana del horario).
Fuente
- Pérez Martínez, Herón. Refranero mexicano (Academia Mexicana de la Lengua, edición en línea).
- Rubio, Ángel. (s. f.).