La amistad conocerla, mas no perderla

La amistad conocerla, mas no perderla

La amistad conocerla, mas no perderla

Significado

Aconseja no ser tajantes cuando la amistad se enfría. Si el amigo se distancia, si la confianza flaquea, si el trato se vuelve más raro, lo prudente es mantener la relación aunque la antigua intimidad se haya perdido. La fórmula distingue entre «conocer» la amistad —saber de ella, tener noticia, no desdeñarla— y «perderla» —cortar, romper, abandonar—. Quien la conoce sin perderla, conserva la posibilidad de recuperar lo que fue; quien la pierde, cierra la puerta para siempre.

El refrán es pragmático, no sentimental. No dice que la amistad deba ser incondicional; dice que conviene no precipitarse en el rompimiento. Las relaciones humanas pasan por ciclos: hay tiempos de cercanía y tiempos de lejanía, y no todo alejamiento es definitivo. Quien espera, en muchos casos, recupera al amigo; quien rompe, lo pierde sin remedio.

Origen

Es un refrán castellano con raíces en la moral cristiana y en la ética clásica. La distinción entre «conocer» y «perder» —la de mantenerse cerca o lejos del objeto— es un eco del vocabulario bíblico: «Conocí mis ovejas, y las mías me conocen a mí» (Juan 10, 14). En la tradición castellana, los moralistas del Siglo de Oro insistieron en la conveniencia de mantener los lazos, aunque delgados, antes que romperlos: una relación es siempre una posibilidad, y la posibilidad debe cuidarse.

En el refranero castellano, Correas (1627) y Sbarbi (1922) lo registran. En México se documenta con uso «en desuso» en la conversación urbana, pero la fórmula pervive en el habla de las personas mayores y en la cultura de los pueblos pequeños, donde la continuidad de las relaciones es uno de los capitales más preciados. La cultura mexicana —que concede un valor enorme al «no perder la amistad»— ha hecho de la fórmula una observación recurrente en la conversación familiar y en la consejería.

Cuándo se usa

Es un refrán de prudencia relacional, apropiado para el momento en que alguien está tentado de romper una amistad por un enfado o un malentendido. Funciona muy bien en la conversación familiar, en la sobremesa, en la consejería entre padres e hijos. No es adecuado para usarlo en contextos donde la «amistad» sea en realidad una relación tóxica o destructiva: a veces cortar es la decisión correcta, y la fórmula no debería emplearse para perpetuar el daño. Usarlo bien es aplicarlo a la amistad valiosa, no a la costumbre disfrazada de afecto.

Ejemplo

—Mira, ya no me habla desde hace seis meses. Yo creo que lo mejor es dar por terminada la amistad. —No te apures, hijo. La amistad conocerla, mas no perderla. Si es buen amigo, ya volverá. Si no vuelve, peor para él, pero al menos tú no cerraste la puerta.

Curiosidad lingüística

La construcción «conocerla, mas no perderla» es una de las más sintéticas del refranero castellano. La repetición del pronombre átono —«conocerla», «perderla»— da al refrán un paralelismo perfecto que la memoria retiene sin esfuerzo. La conjunción adversativa «mas» (arcaísmo de «pero») le confiere un tono sentencioso que la conecta con la prosa de los moralistas. La palabra «conocer» se usa aquí en su sentido bíblico de «reconocer», «no desconocer», que implica mantener la atención sobre la amistad, aunque no se goce plenamente de ella. La palabra «perder», en cambio, lleva el peso de la negación absoluta: perder es aquí cortar, romper, no dejar rastro.

Variantes

Fuente

La amistad conocerla, mas no perderla
Comparte la imagen del refrán: La amistad conocerla, mas no perderla
Categorías: L, Refranes de Amistad · 20 de marzo de 2021

Otros Refranes de Refranes de Amistad

Referencias