Los dineros del sacristán, cantando se vienen, cantando se van
Los dineros del sacristán, cantando se vienen, cantando se van
Significado
Recuerda que lo que se gana de una manera determinada se pierde del mismo modo. El sacristán —el hombre de la sacristía, encargado de la custodia del ajuar, de los cirios y de las limosnas de la iglesia— administra dinero que, técnicamente, no es suyo: lo recibe cantando (rezando, cantando los oficios) y lo gasta cantando (en otros servicios eclesiásticos, en rezos, en misas). El refrán denuncia una asimetría de fondo: lo que entra fácil, sale fácil; lo que se gana sin esfuerzo, se desperdicia sin medida.
La forma es la de un refrán bimembre con paralelismo perfecto: cantando se vienen, cantando se van. La repetición del gerundio —y la rima consonante vienen/van— fija el mensaje y le da su aire de canción popular. Es uno de los refranes económicos más musicales del refranero castellano.
En la conversación actual se usa, sobre todo, en tres contextos:
- Para advertir a quien ha ganado dinero de golpe —en la lotería, en una herencia, en un negocio rápido— de que lo gaste con tiento.
- Para explicar la evaporación de una fortuna mal habida: «Ganó en dos meses, lo perdió en uno. Como el sacristán: cantando se vienen, cantando se van».
- Como reflexión sobre el dinero fácil y la economía informal, especialmente en contextos de conversación familiar o tertulia de café.
Origen
Es un refrán castellano de raíz antigua, documentado en los refraneros de los siglos XVI y XVII. Gonzalo Correas lo recoge en su Refranero (1627) bajo la forma «Los dineros del sacristán, cantando se vienen, cantando se van», y Luis Junceda lo cita en su Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1998). La figura del sacristán como administrador informal del dinero de la colectividad aparece en decenas de paremias castellanas, casi siempre con tono crítico: «Sacristán que no canta, miente», «Sacristán y campanero, parentesco verdadero».
En la tradición mexicana, la Academia lo incluye en la categoría de Refranes de Economía y lo califica de poco usado en la conversación pública, aunque plenamente reconocible. Su pervivencia se debe a la fuerza del ritmo (la repetición del gerundio) y a su utilidad como advertencia en contextos de fortuna súbita.
Cuándo se usa
Es un refrán poco usado en la conversación coloquial, pero vigente en:
- Sobre mes a familiar, donde se cita para comentar una herencia, un premio o un negocio de rápida evaporación.
- Crónica económica y de opinión, donde se usa para introducir artículos sobre la fragilidad del dinero fácil.
- Reflexiones sobre la lotería y los juegos de azar, donde se invoca con tono de advertencia.
Su tono es didáctico y melancólico, y su brevedad lo hace adaptable a casi cualquier contexto de economía doméstica.
Ejemplo
El compadre, al ver al vecino pintar coche nuevo a los pocos meses de haber recibido la herencia, le dijo: «No te apures, que ya sabemos cómo termina: los dineros del sacristán, cantando se vienen, cantando se van».
Curiosidad lingüística
El refrán es uno de los bimembres perfectos del refranero castellano. La estructura es rigurosamente simétrica: gerundio (cantando) + pronombre (se) + verbo (vienen/van). Cada palabra tiene su eco al otro lado, y la cadencia resultante se asemeja a la de un cantarcillo. De hecho, varios musicólogos han señalado que refranes como éste son la base de la canción popular hispánica: la métrica, la rima y la repetición los hacen tarareables.
Variantes
- «Los dineros del sacristán, cantando se vienen, cantando se van» (forma canónica).
- «Dinero de sacristía, al altar se va y del altar volvía» (variante más teológica).
- «Dinero mal ganado, al burdel va y al burdel vuelve» (pariente conceptual contemporáneo, sin tradición escrita formal).
Fuente
- Correas, Gonzalo. Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1627).
- Junceda, Luis. Diccionario de refranes (1998).