Quien trata la mercancía y no la entiende, sus dineros se le tornan de duende

Quien trata la mercancía y no la entiende, sus dineros se le tornan de duende

Quien trata la mercancía y no la entiende, sus dineros se le tornan de duende

Significado

Advierte que quien comercia sin conocer la mercancía termina perdiendo el dinero de forma misteriosa, como si un duende se lo llevara. La fórmula une dos campos —el comercio y la fantasía— para describir la experiencia de quien ignora los entresijos de un oficio: el capital se evapora sin que se sepa muy bien cómo, y al final sólo queda el asombro de la pérdida.

El refrán se aplica a negocios, inversiones, artesanías y oficios en los que la falta de conocimiento es ruinosa. La metáfora del duende, además, añade un matiz de castigo sobrenatural: el dinero no sólo se pierde, sino que se «torna de duende», es decir, se hace inmaterial, fantasmagórico, imposible de recuperar. Quien entra en un mercado sin entenderlo, sale con las manos vacías y la sensación de haber sido engañado por una fuerza invisible.

Origen

Es un refrán castellano ligado a la rica tradición mercantil castellana de los siglos XVI y XVII, cuando España era plaza importante del comercio atlántico y muchos comerciantes se arruinaban por entrar en negocios que no dominaban. Gonzalo Correas lo recoge en su Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1627) con una forma muy cercana, y lo glosa como advertencia a los nuevos mercaderes. La metáfora del duende, en una época de gran fermento de la literatura picaresca, se explicaba también por la figura del pícaro: el que aparentaba saber, en realidad engañaba, y al final se llevaba el dinero como si fuera un fantasma.

Su pervivencia se entiende porque la experiencia del comerciante novato se repite en cada generación. El refrán se aplicó a los tenderos de barrio, a los industriales improvisados del siglo XIX, a los inversores aficionados del XX, y a los emprendedores digitales del XXI. Su estructura, además —una causa y un efecto desmesurado— le da un tono humorístico que la hace muy útil en la conversación cotidiana.

Cuándo se usa

Es un refrán de prudencia comercial, útil cuando alguien se lanza a un negocio que no entiende, o cuando un inversor compra sin haber estudiado. Funciona en la consejería familiar, en la tertulia de comerciantes, en el comentario al fracaso de un conocido. Es inadecuado para desalentar la innovación, y fuera de tono para humillar a quien se ha equivocado: ahí la fórmula se vuelve cruel.

Ejemplo

El padre le dijo al hijo que quería abrir una cafetería sin saber hacer un café: «Muchacho, quien trata la mercancía y no la entiende, sus dineros se le tornan de duende. Antes de poner el negocio, trabaja un año en uno ajeno, y entonces sabrás si sale o se queda el capital flotando».

Curiosidad lingüística

La imagen del «duende» en el refranero castellano no es sólo la del fantasma travieso de las tradiciones orales: es también la de una fuerza que trastorna los objetos, los esconde o los cambia. Esa ambigüedad —entre lo sobrenatural y lo cómico— da al refrán su tono único: ni siquiera sabe uno si debe asustarse o reírse. La estructura «sus dineros se le tornan de duende» es única en el refranero castellano: no hay otra paremia en la que el dinero sufra una metamorfosis sobrenatural.

Variantes

Fuente

Quien trata la mercancía y no la entiende, sus dineros se le tornan de duende
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Categorías: Q, Refranes de Economía · 20 de marzo de 2021

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Referencias