Un pleito trae consigo (otros) ciento
Un pleito trae consigo (otros) ciento
Significado
Recomienda evitar, en la medida de lo posible, iniciar un litigio, porque una sola demanda atrae, como un enjambre, otras muchas. El razonamiento se funda en la observación de que el primer contendiente no se queda solo: se suman parientes del demandado que piden intervenir; el ayuntamiento se persona para defender sus intereses; testigos que apoyaban a una parte se enemistan con la otra; nuevos acreedores aparecen para cobrar al litigante; otros vecinos, envalentonados por la discordia, airean rencillas de vieja data. Lo que comenzó como un deslinde entre dos heredades puede acabar dirimiéndose en un juicio de larga duración que arruina a varias familias.
La fórmula refleja, además, la prudencia de la cultura jurídica castellana, forjada en siglos de pleitos orales ante los alcaldes de barrio, los regidores de cabildo y, más tarde, los jueces de Real Audiencia. Los labradores más avisados sabían que entrar en juicio era como entrar en un laberinto del que difícilmente se salía sin pérdida, y por eso preferían arbitrajes privados, composiciones amigables o, simplemente, aguantar el agravio antes que arriesgar la herencia.
En su uso metafórico, el refrán se aplica a toda clase de conflictos: riñas familiares, discordias entre socios, polémicas públicas. Quien se enzarza en una discusión por la causa más pequeña corre el riesgo de perder no sólo la causa, sino la paz, el dinero, el tiempo y la amistad. La fórmula enseña, en suma, que la paz del vecino vale más que la razón legal, y que el primer movimiento de una disputa marca, casi siempre, la dirección de los cien movimientos siguientes.
Origen
La fórmula se documenta en castellano al menos desde el siglo XV, en los Proverbios del Marqués de Santillana, donde se lee: “Un pleito haze ciento, e un mal engruessa muchos males”. Aparece glosada en el Vocabulario de Gonzalo Correas (1627) y, más tarde, en el Tesoro de la lengua castellana de Covarrubias. Tiene paralelos exactos en el refranero italiano (una lite ne porta cento), en el francés (un procès en appelle cent autres) y en el portugués (um pleito traz consigo outros cem), lo que demuestra la universalidad de la observación. La cultura jurídica europea, fundada sobre el derecho romano y la práctica forense medieval, generó esta misma advertencia en todas las tradiciones romances.
Se trata de un refrán popular, actualmente en desuso en su forma exacta, aunque la prudencia que recomienda sigue plenamente vigente: los abogados contemporáneos lo glosan en sus escritos cuando aconsejan la conciliación previa, y los manuales de deontología forense suelen citarlo como síntesis del viejo adagio nolle litigare. Lo hemos incluido dentro de la categoría Refranes de Justicia, por su contenido nítidamente jurídico y por su utilidad como freno a la litigiosidad excesiva.
Fuente
- Correas, Gonzalo. Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1627).
- Íñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana. Refranes que dizen las viejas tras el fuego (c. 1508).