Debemos comer para vivir y de ningún modo vivir para comer
Debemos comer para vivir y de ningún modo vivir para comer
Significado
Es un refrán didáctico y moralizante construido como quiasmo: comer para vivir / vivir para comer, con inversión del orden de los términos. La fórmula, que se solía enseñar a guisa de principio educativo, distingue entre el comer como medio (para sostener la vida) y el comer como fin (cuando la vida se organiza alrededor del comer, del trago, del banquete). Es un refrán de economía moral que recomienda la sobriedad y el dominio de los apetitos.
La forma es la de un refrán doctrinal-espejo del tipo «A para B, y de ningún modo B para A». Esa estructura es una de las favoritas del refranero sapiencial, y aparece en otras muchas fórmulas de la familia: «No se gana el pan sin afán», «Ni mesa sin pan ni ejército sin capitán», «Aprende a perder y aprenderás a ganar». Lo particular de este es su tono prescriptivo-modal: la doble presencia del verbo deber y de la perífrasis de ningún modo le da un aire casi de mandamiento.
Origen
Es un refrán mexicano registrado por Herón Pérez Martínez en su Refranero mexicano y clasificado entre los Refranes de Aprendizaje. Pérez Martínez subraya que «este tipo de frases apenas aceptan un uso estrictamente paremiológico. Su valor es prevalentemente doctrinal», es decir, se trata más de un principio que de un dicho popular en sentido estricto. Eso explica que la fórmula se cite sobre todo en la escuela, en la catequesis y en los manuales de urbanidad, y poco en la conversación de taberna.
La raíz doctrinal se remonta a la literatura sapiencial grecolatina: ya Sócrates distinguía entre quien come para vivir y quien vive para comer, y la fórmula pasó al latín medieval y, de ahí, a la literatura moral del Renacimiento. En México se incorporó al acervo escolar durante el siglo XIX, en la misma ola que trajo los manuales de Pérez Iribarren y los catecismos de Astete. Herón Pérez Martínez la recoge como superviviente de esa tradición libresca, ya casi en desuso en la conversación moderna.
Cuándo se usa
Es un refrán de reflexión filosófica y de consejo moral. Se usa para reconvenir al glotón, al borracho o a quien organiza su vida en torno a la mesa y al convite. Funciona también como principio genérico de jerarquía de fines: el comer (y por extensión cualquier bien material) es un medio, no un objetivo. Conviene en contextos serios, en conversaciones morales y en la educación de los jóvenes. En la sobremesa, dicho entre risas, puede sonar a reprensión.
Ejemplo
—Compadre, ¿otra copa? Si apenas va tres. —Mira, mijo, debemos comer para vivir y de ningún modo vivir para comer. Hoy el convite terminó.
Curiosidad lingüística
Es un refrán construido sobre una estructura quiástica (A-B-B-A) que no se da con frecuencia en el refranero popular. Esa forma exige al oyente cerrar el paralelismo por su cuenta, y por eso la fórmula se recuerda mejor en su enunciado completo: nadie dice la mitad y la otra mitad se sobrentiende. Es, además, un caso de refrán doctrinario: su valor es más ético que humorístico, y por eso pertenece a la categoría de los principios y no a la de los chistes. Esa seriedad lo hace más resistente al paso del tiempo y, a la vez, menos vivo en la conversación diaria.
Variantes
- «Comemos para vivir, no vivimos para comer» (forma sintética, sin el verbo deber).
- «No se gana el pan sin afán» (pariente por la idea de medio y fin).
- «Quien come mucho y trabaja poco, no es hombre, es mondongo» (pariente humorístico).
Fuente
- Pérez Martínez, Herón. Refranero mexicano (Academia Mexicana de la Lengua, edición en línea).