Dios no les da alas a los alacranes
Dios no les da alas a los alacranes
Significado
Expresa el consuelo de saber que la gente malvada no tiene tanto poder para dañar como quisiera. La fórmula se usa en enunciación exclamativa, y su tono es el del suspiro aliviado: ¡menos mal que los malos no pueden volar! El alacrán, en la tradición popular mexicana, es el insecto más temible, y la imagen de uno con alas sería la del daño absoluto e inevitable. La fórmula declara, con ironía y con fe, que ese extremo no se ha concedido.
La forma es la de un refrán providencial-imagen del tipo «Dios no da A a B». La estructura es una negación divina (Dios no da) y un objeto maléfico (alas a los alacranes). La elección del verbo dar en negativo, lejos de sugerir impotencia divina, sugiere providencia activa: Dios no da lo que sería demasiado. Esa negación es la que da al refrán su fuerza consoladora: el mal existe, sí, pero tiene un tope, y ese tope lo pone el Creador.
Origen
Es un refrán mexicano registrado por Herón Pérez Martínez en su Refranero mexicano y clasificado entre los Refranes de Aprendizaje. Pérez Martínez documenta cuatro variantes principales: «Dios no dio alas a los alacranes», «Dios no les da alas a los alacranes», «Dios no les da alas a los animales ponzoñosos» y «Dios no les puso alas a los alacranes», lo que demuestra que la fórmula gozó de notable vitalidad. La estructura es idéntica a la del inglés «The good Lord didn’t give the rattlesnake wings either», lo que sugiere un paralelo cultural entre dos mundos rurales donde la fauna ponzoñosa es la mayor amenaza cotidiana.
La elección del alacrán como protagonista no es casual: en el centro y norte de México, el alacrán (Centruroides) es endémico, y su picadura era —y sigue siendo— una de las principales causas de urgencia médica en zonas rurales. La fórmula se aclimató con naturalidad entre campesinos, arrieros y médicos rurales, que reconocían en la imagen una verdad ecológica: los animales ponzoñosos abundan, sí, pero por suerte no vuelen. Herón Pérez Martínez lo cita como superviviente de esa cultura rural del peligro, poco usado ya en la conversación urbana, pero presente en zonas serranas y costeras.
Cuándo se usa
Es un refrán de consuelo cósmico y de observación natural. Se usa para agradecer que el mal no llegue a su máximo posible, o para reconocer que la Providencia, sin abolir el peligro, lo limita. Funciona muy bien en la sobremesa, en la conversación de rancho, y en comentarios sobre las plagas, los accidentes y los desastres naturales, donde se aplica la fórmula a lo que pudo ser peor. Conviene en contextos coloquiales, en tono de suspiro, no de sermón.
Ejemplo
—Mira, doña Carmen, hoy casi nos atropella el camión del municipio. —¡Ay, Jesús! Pero bueno, Dios no les da alas a los alacranes. Imagínese que ese camión, además, volara.
Curiosidad lingüística
Pertenece a la familia de los refranes del mal acotado, donde la Providencia aparece como arquitecta del límite. Es un subgénero muy nutrido del acervo religioso: «Dios aprieta, pero no ahoga», «Dios no da carga sin fuerzas», «Dios consiente, mas no para siempre». La particularidad de este es la imagen zoomorfa: el refrán no se eleva a la abstracción, sino que se queda en la observación de la fauna. Esa operación es la que da al refrán su eficacia con el pueblo rural: la fe entra por la alacranada, no por la teología. Es, además, un caso de refrán exclamativo: se pronuncia con el aire del que suspira, no del que predica.
Variantes
- «Dios no dio alas a los alacranes» (variante con pretérito indefinido).
- «Dios no les puso alas a los alacranes» (paralelo con puso).
- «Dios no les da alas a los animales ponzoñosos» (paralelo genérico).
Fuente
- Pérez Martínez, Herón. Refranero mexicano (Academia Mexicana de la Lengua, edición en línea).