Donde no hay caricias, no hay amor

Donde no hay caricias, no hay amor

Donde no hay caricias, no hay amor

Significado

Afirma que las caricias son condición indispensable del amor verdadero. Su sentido paremiológico coincide con el literal: no es una metáfora ni una licencia poética, sino una convicción cultural profunda: donde hay amor hay caricias, y donde no las hay no hay amor.

El refrán adopta la forma lógica de una proposición universal negativa: «donde no hay A, no hay B». La primera parte enuncia la condición ausente, y la segunda, la consecuencia. Esa doble negación le da un tono categórico, casi axiomático: no admite excepciones.

Forma parte de las convicciones y del saber popular al margen de clases sociales, y se da por sentado en la cultura mexicana. Es un topos que sin embargo resulta combatido por otras máximas también vigentes, como «Quien bien te quiere te hará llorar». Que el refrán necesite defenderse de su contrario indica que la cultura no lo vive como verdad absoluta, pero sí como verdad mayoritaria.

Origen

Es un refrán mexicano documentado por Herón Pérez Martínez en su Refranero mexicano (siguiendo la edición académica en línea de la Academia Mexicana de la Lengua). Aunque Pérez Martínez no precisa la fecha exacta de su aparición, el refrán pertenece al acervo oral recogido durante el siglo XX en el altiplano mexicano.

Su forma lógica —la doble negación con valor categórico— es heredera de la tradición paremiológica castellana, que gustan de construir sentencias universales con la fórmula «donde no hay X, no hay Y» («Donde no hay harina, todo es mohina», «Donde no hay vergüenza, no hay buena vergüenza»).

Cuándo se usa

Es un refrán moral y doméstico, no cortesano. Se usa:

Es menos común en contextos formales; pertenece a la conversación íntima, a la consejería familiar, a la canción popular.

Ejemplo

La abuela siempre decía que los matrimonios se salvan o se pierden en los pequeños gestos: donde no hay caricias, no hay amor. Y a sus ochenta años seguía tomando la mano de mi abuelo cada tarde.

Curiosidad lingüística

Es uno de los refranes mexicanos que toman partido en un debate cultural de larga duración: ¿el amor debe doler para ser verdadero («quien bien te quiere te hará llorar») o debe expresarse en ternura («donde no hay caricias, no hay amor»)? Herón Pérez Martínez lo señala como ejemplo de refrán «semiótico»: cada parte del enunciado es signo de la otra, y la conjunción de ambas produce la sentencia completa.

Variantes

Fuente

Donde no hay caricias, no hay amor
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Categorías: D, Refranes de Aprendizaje · 18 de abril de 2021

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Referencias