El Aforismo
El Aforismo
Significado
El aforismo es un enunciado sentencioso breve, de origen conocido, que se distingue de otros miembros del refranero —proverbio, adagio, máxima— por su procedencia culta, por la firma o atribuibilidad a un autor, y por su tono grave y reflexivo. No es un dicho anónimo del pueblo, sino una sentencia deliberadamente compuesta por alguien que la escribe y la firma, a veces con un punto de ironía o de cinismo.
Desde el punto de vista formal, el aforismo goza de alta fijación interna: sus palabras rara vez se pueden cambiar sin que se pierda la fuerza del enunciado. Se mueve además en un registro cercano a la filosofía moral, y por eso gusta ser recopilado en libros misceláneos, en antologías de pensamiento o en colecciones de sentencias.
En la tradición hispánica, los nombres mayores del género son Baltasar Gracián (Oráculo manual y arte de prudencia, 1647), Félix de Azara y, en el siglo XX, Ramón Gómez de la Serna con sus Greguerías. En la tradición germánica, Arthur Schopenhauer y Friedrich Nietzsche son las dos cumbres del aforismo filosófico moderno. En México, Alfonso Reyes cultivó el género en ensayos breves cercanos al aforismo y a la máxima.
Origen
El término viene del griego aphorismós, derivado de aphorízein, «definir, delimitar, marcar el límite». En la Antigüedad, los Aforismos de Hipócrates (siglo V a. C.) eran un texto médico de sentencias diagnósticas, y de ahí el género pasó a la filosofía y a la moral. La Real Academia Española lo define como «sentencia breve y doctrinal que se propone como regla en alguna ciencia o arte».
Su distinción frente al proverbio es importante para la paremiología. El proverbio es anónimo, de origen popular, y se transmite por tradición oral antes de fijarse por escrito; el aforismo, en cambio, nace escrito y firmado, y su autor es tan parte de la sentencia como las palabras que la componen. Decir «piensa mal y acertarás» es repetir un proverbio; decir «lo importante no es saber, sino saber a quién se lo preguntas», atribuido a Gracián, es citar un aforismo.
En el ámbito de la Academia Mexicana de la Lengua y del Diccionario del español de México (DEM, El Colegio de México), el término se usa con frecuencia para clasificar enunciados sentenciosos de autor conocido, y se diferencia cuidadosamente de refrán y de proverbio.
Cuándo se usa
El concepto de aforismo se usa en tres registros. En la crítica literaria, para designar un género en sí mismo, con sus cultivadores clásicos. En la filosofía y la moral, para oponer la sentencia culta y firmada a la sabiduría anónima del pueblo. Y en la charla culta, para distinguir lo que uno lee en un libro —Gracián, Schopenhauer, Nietzsche— de lo que se aprende de oídas en el mercado.
Conviene no abusar del término aplicándolo a cualquier frase ingeniosa: una salida ocurrente en una cena no es un aforismo; para serlo necesita densidad doctrinal y firma de autor.
Ejemplo
—¿Y cómo defines tú el aforismo? —Es lo que escribió Gracián cuando dijo que «la verdad es hija del tiempo»: una sentencia breve, firmada, con una carga de profundidad que sigue funcionando tres siglos después.
Curiosidad lingüística
La RAE distingue aforismo, adagio y máxima con tres criterios: el primero se asocia a la ciencia (Hipócrates), el segundo a la tradición oral culta (los adagia de Erasmo), y el tercero a la moral práctica (las máximas de La Rochefoucauld). En el uso mexicano los tres términos se mezclan, pero la Academia Mexicana procura mantener las fronteras.
Variantes
- Aforismo (género firmado, breve, doctrinal).
- Sentencia (forma genérica, que abarca refranes, máximas y aforismos).
- Greguería (variante humorística cultivada por Gómez de la Serna).
- Máxima (pariente cercano, con fines morales).
Fuente
- Pérez Martínez, Herón. Refranero mexicano (Academia Mexicana de la Lengua, edición en línea).
- Real Academia Española. Diccionario de la lengua española (DLE).