El hombre es carne de cañón; la mujer es cañón de carne
El hombre es carne de cañón; la mujer es cañón de carne
Significado
Es un refrán machista del refranero mexicano clásico, construido como juego de palabras paralelas: el hombre es «carne de cañón» (esto es, material fungible para la guerra, desechable en la línea de fuego), mientras que la mujer es «cañón de carne» (esto es, una pieza de artillería dotada de cuerpo femenino, con la carga explosiva vuelta hacia el hombre). La estructura quiasmática —intercambio de los dos términos— produce una imagen tan contundente como ofensiva.
El refrán adjudica al varón el papel de víctima pasiva de la conflagración bélica, y a la mujer el de arma ofensiva que dispara contra él. La misoginia se viste de agudeza verbal: donde la sociedad patriarcal decía que la mujer era «sexy», el refrán dice que la mujer es «cañón», esto es, artillería dotada de carne. El hombre, en cambio, es la carne pasiva que recibe el impacto.
Pérez Martínez lo incluye en su Refranero mexicano dentro del apartado de refranes misóginos que la cultura patriarcal mexicana del siglo XIX cultivó sin complejos. El refrán está emparentado con otros del mismo talante: «El lloro de la mujer no es de creer», «El consejo de mujer bueno algún día puede ser», «La mujer por la honra…». Todos ellos articulan una imagen de la mujer como peligro, de su cuerpo como arma, de sus lágrimas como trampa, de su consejo como escaso.
En la conversación actual el refrán está completamente fuera de uso, y citarlo en serio es considerado inaceptable. La Academia Mexicana de la Lengua lo conserva en sus archivos precisamente para documentar la cultura patriarcal que circuló en México, no para recomendarlo.
Origen
Pérez Martínez lo documenta en su Refranero mexicano como una creación de la cultura oral del siglo XIX, sin atribución a un autor concreto. Su estructura es la de un refrán de quiasmo (inversión de los dos términos), una de las figuras más del gusto del refranero barroco castellano: «Quien no arriesga, no gana», «No es más rico quien más tiene, sino quien menos necesita». La forma quiasmática es la que produce el efecto de agudeza y la que carga con todo el peso del contenido misógino.
Su paralelo castellano más directo es «El hombre es el fuego, la mujer la estopa; viene el diablo y sopla», recogido por Correas (1627) y Sbarbi (1922). La estructura es la misma: la mujer como material inflamable, el hombre como chispa. La versión mexicana del quiasmo, además, introduce el léxico de la artillería («cañón»), propio del vocabulario bélico decimonónico, lo que sugiere un origen posterior a la introducción masiva de la artillería en las guerras europeas del siglo XIX.
El refrán está fuera de circulación desde hace varias décadas, y su recuperación en conversaciones casuales resulta hiriente. La cultura mexicana actual lo ha sustituido por la valoración igualitaria del papel de hombres y mujeres en la sociedad.
Cuándo se usa
Este refrán no debe usarse en la conversación actual, y conviene no recuperarlo. Sería leído como expresión de machismo y la sociedad lo rechaza sin paliativos. Sí se cita, en cambio, en ámbitos académicos y críticos para documentar la cultura patriarcal del XIX, en estudios de género, en antologías del refranero, en clases de literatura.
Si alguien lo cita en voz alta, conviene aclarar su contexto y recordar que la imagen de la mujer como «cañón de carne» refleja una mentalidad superada, no una verdad eterna.
Ejemplo
—Profe, ¿y este refrán por qué lo guardan si es tan ofensivo? —Porque los refraneros son archivos. Este, en concreto, es un caso notable de quiasmo: «el hombre es carne de cañón; la mujer es cañón de carne». La estructura es ingeniosa, pero el contenido es misógino. Conservarlo sirve para entender la historia del patriarcado, no para repetirlo.
Curiosidad lingüística
La estructura de quiasmo —intercambio simétrico de los dos términos— es una de las figuras más elegantes del refranero clásico, y aquí se usa con maestría formal al servicio de un contenido detestable. La paradoja lingüística es que el dominio técnico del que hace gala el refrán lo vuelve doblemente incómodo: no es un disparate, es un hallazgo retórico al servicio de un mensaje inaceptable. Esa tensión entre forma lograda y contenido rechazable es, precisamente, lo que vuelve al refrán interesante para el estudio crítico de la lengua.
Variantes
- «El hombre es fuego, la mujer es estopa; viene el diablo y sopla» (Correas, 1627, forma castellana).
- «La mujer por la honra, el buey por el asta y el hombre por la palabra» (pariente conceptual).
- «El lloro de la mujer no es de creer» (gemelo misógino).
Fuente
- Correas, Gonzalo. Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1627).
- Pérez Martínez, Herón. Refranero mexicano (Academia Mexicana de la Lengua, edición en línea).
- Sbarbi, José María. Diccionario de refranes (1922).