Hay tres clases de tarugos: el que brinda con el dependiente, el que monta sin barboquejo y el que baila con su mujer
Hay tres clases de tarugos: el que brinda con el dependiente, el que monta sin barboquejo y el que baila con su mujer
Significado
Es un refrán clasificador y humorístico que distingue tres tipos de tarugos —palabra coloquial mexicana para «tontos, papanatas, fáciles de engañar»— a partir de tres acciones que delatan falta de mundo. Cada una corresponde a un error social reconocible:
- «El que brinda con el dependiente»: el patrón que se iguala con un empleado o subordinado, perdiendo la distancia que su cargo exige.
- «El que monta sin barboquejo»: el jinete que monta a caballo sin la correa que sujeta la barbada, asegurando que el animal no tire la cabeza; se arriesga a una caída segura.
- «El que baila con su mujer»: en las fiestas rancheras, el que en vez de invitar a bailar a las invitadas se queda toda la noche pegado a su propia esposa, perdiéndose la galanteadería social.
La forma es la de una enumeración cómplice, propia del mariachi y de las tertulias varoniles. Se usa para reírse de uno mismo o de los amigos, nunca para insultar a un desconocido: el humor funciona como código de grupo.
Origen
Es un refrán mexicano de ambiente ranchero y festivo, documentado por Herón Pérez Martínez en su Refranero mexicano. Pérez Martínez lo conecta con un giro exclamativo más amplio, del tipo «¡Viva México!» o «¡Guanajuato nunca pierde!», gritos de guerra localistas que suelen ir «a lomos del mariachi».
Su pertenencia al grupo de refranes de la mujer es reveladora: la tercera clase —«el que baila con su mujer»— define la idiotez masculina a partir del trato con la propia esposa, considerada la medida del comportamiento social del varón. Es un tipo de sentencia que sólo puede entenderse en el contexto del México ranchero y festivo del siglo XX, con sus códigos de género bien marcados.
Cuándo se usa
Es un refrán de homenaje masculino y de sobremesa, especialmente entre varones de ambiente ranchero, en las fiestas, en las cabalgatas, en las reuniones con tequila y mariachi. Se usa para reírse de los excesos propios y ajenos con una complicidad que excluye a las mujeres presentes: «¡hay tres clases de tarugos, y a ti ya te conté dos!».
No es un refrán para discutir en serio: su gracia está en que se dice con tono festivo, entre carcajadas, y rara vez en contextos formales.
Ejemplo
En la boda del primo, los amigos se turnaron para recordar a un cuate que pasó toda la noche bailando con su señora. Cuando el mariachi arrancó «El mariachi loco», alguien gritó: «¡hay tres clases de tarugos, y aquí ya tenemos a uno de cuerpo presente!».
Curiosidad lingüística
La estructura «hay tres clases de X» es una de las fórmulas narrativas más productivas del refranero mexicano. «Hay tres clases de mentiras», «Hay tres clases de borrachos», «Hay tres clases de mujeres». La enumeración a tres tiene algo de fórmula ritual, casi de bando de juglaría: el número tres aparece en cuentos, refranes, cantinfladas y dichos de la cultura popular con una insistencia llamativa. La triple serie funciona como un mapa del mundo reducido a tres figuras, cada una etiquetada con un gesto concreto.
Variantes
- «Hay tres clases de tarugos: el que brinda con el dependiente, el que monta sin barboquejo y el que baila con su mujer» (forma canónica).
- «Hay tres clases de hombres: el que presume, el que se emborracha y el que paga la cuenta» (pariente estructural, de cantina).
- «Hay tres clases de fiesta: la que se goza, la que se recuerda y la que se cuenta» (pariente estructural, folklore).
- «El que monta sin barboquejo, no llega al domingo» (variante independiente de la segunda clase).
Fuente
- Pérez Martínez, Herón. Refranero mexicano (Academia Mexicana de la Lengua, edición en línea).